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La opinión de un experto

Inma Marín - Directora de Marinva Juego y educación.

Sin duda, un buen juguete es aquel que se nos ofrece como punto de partida donde anclar nuestra imaginación, para desde allí crecer y desarrollarse.

La sofisticación de los juguetes más simples reside precisamente en su capacidad de conectarse con nuestro intereses y necesidades más profundas: explorar y descubrir para conocer y saber, soñar y expresar para imaginar y transformar… de manera que realmente, en el juego, imaginemos nuevas posibilidades, nuevos y diferentes mundos que nos hagan más y mejores personas.

En los juguetes de A-World, la simpleza del cartón se une a la simpleza de los dos escenarios más recreados por los niños y niñas de todos los tiempos: la Casa y el Castillo.

Se ofrecen además de la manera más natural posible, casi como una intuición  desde la que los niños y niñas, a través de su juego, van a llenar de vida. Vida alegre, curiosa, llena de historias a recrear y compartir, en la que ellos y sólo ellos serán los verdaderos protagonistas.

Con estos juguetes, en los que la sencillez se convierte en valor, los niños aprenden que los objetos, e incluso las ideas, pueden llegar a ser lo que seamos capaces de imaginar. Ese es el gran valor del juego simbólico, al que llamamos popularmente de “hacer como sí”, siendo también una gran fuente de placer y satisfacción, en la que expresamos nuestros sentimientos, enriquecemos nuestro lenguaje e interiorizamos normas y pautas de comportamiento.

Estas construcciones consiguen realmente quedar en un segundo plano, dejando el protagonismo a los niños, actuando así como verdaderos  e insubstituibles estimuladores del juego. Además, la posibilidad de decorarlos, favorece aún más, si cabe, la apropiación del juguete, dominándolo, conociéndolo, cuidándolo y responsabilizándose… en definitiva, “haciéndolo suyo”, trascendiendo así del juguete-objeto para convertirse en el lugar donde dar rienda suelta a su percepción de la realidad y a sus fantasías.

Pero la capacidad de jugar crece todavía más si es compartida y valorada por los adultos más queridos por los niños: sus padres. La Casa y el Castillo ofrecen a los pequeños la posibilidad de tener un lugar donde esconderse y refugiarse para experimentar su intimidad (meterse dentro). Pero también, a través de sus ventanas y oberturas, ofrece a los padres la posibilidad de compartir con sus hijos espacios alegres de risas, secretos, bromas… es decir, complicidades y guiños, en definitiva comunicación.

Para acabar, a todos estos valores podemos sumarle el enriquecimiento que supone jugar con un material que expresa la estima por el medio ambiente, al tratarse de un cartón reciclado y reciclable ¡Tal vez el cartón no sea considerado como un material “noble” pero qué hay más noble que utilizar para jugar un material respetuoso con la naturaleza!

 

Imma Marín

Directora de Marinva Juego y educación, consultoría pedagógica, especializada en educación y comunicación a través del juego. Experta en juegos, juguetes, infancia y nuevas tecnologías y educación en el tiempo de ocio.

Autora de diversos artículos y libros sobre el juego como herramienta educativa, los juegos populares, el valor educativo de juegos y juguetes, etc.